Él, buscador de tesoros, explorador de mis recovecos, vividor de lo surrealista, máquina expendedora de carcajadas las 24 horas, bufanda y cinturón si me rodean sus brazos, domador de leona, freno de mis tacones cuando llevo más alcohol que sangre en las venas, campeón de billares, abrazos y provocaciones. Susurrador experto y, por encima de todo, mi vista favorita de la ciudad.

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